La tenacidad vestida de toga

LA FIGURA DE LA SEMANA – LA NUEVA ESPAÑA

ALBERTO REY

Abogado y vicepresidente de la Agrupación de Afectados por Volkswagen

La tenacidad vestida de toga

El letrado gijonés cumple tres décadas de ejercicio profesional con la vista puesta en el comercio internacional y luchando contra un gigante del motor

Román GARCÍA

Si sus amigos y familiares tuvieran que definir con una sola palabra a Alberto Rey muchos de ellos tienen claro cuál es la cualidad que destacarían por encima de todas: su tenacidad. Este letrado -que el próximo 19 de agosto cumplirá 54 años- se licenció en 1987 y a pesar de que desde entonces le ha tocado lidiar con casos más que complicados y mediáticos, nadie recuerda haber visto a Rey con ganas de tirar la toalla ni una sola vez. A este gijonés no le tembló el pulso ni elevó la voz cuando, en medio de una gran presión mediática, tuvo que defender los derechos de un ciudadano extranjero acusado de matar a un joven, Christian Díaz Tomasiello, durante una noche de copas en Fomento. Rey tampoco se derrumbó cuando en el año 2012 la implantación de las tasas judiciales asestó un fuerte golpe al despacho que lleva su apellido y en el que trabajan una decena de profesionales del derecho. De hecho, dicen que fue precisamente entonces, en plena crisis de la abogacía, cuando Rey sumó su último éxito impulsando un negocio de asesoramiento empresarial en el extranjero, al que ahora ya recoge numerosos frutos y que durante una temporada combinó con los negocios de hostelería en los que Rey invirtió en Gijón –no sin esfuerzo en muchas ocasiones- y de los que ahora está completamente desvinculado.

Publicación del artículo sobre la figura de Alberto Rey en La Nueva España.

“No para nunca. Además, de penalista es muy buen abogado de empresa”, sentencia uno de los colegas que mejor le conoce. A Alberto Rey -casado desde hace casi 20 años con la funcionaria de la administración de justicia Yolanda Sánchez, a la que conoció en Madrid- le gustó tanto el mundo de la exportación y del comercio internacional -que descubrió hace poco más de cinco años viajando a Guinea y ayudando a empresas asturianas a mirar al exterior- que hasta consiguió traer hace dos meses al recinto ferial Luis Adaro la feria Imex de comercio internacional, una cita de fama undial que gracias a él llegó por primera vez a Gijón. Su logro no es fruto de un día. El abogado ya acumula experiencia en la organización de grandes actos. En el año 2014 Rey participó en un encuentro de empresarios españoles en Guinea que contó con la presencia de, entre otros, el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.

Gracias a esa “manía por meterse en cosas nuevas”, que sus amigos dicen que tiene, este abogado gijonés estudiante del Corazón de María, de la Universidad de Oviedo y de la Escuela de Don Fermín de Cimadevilla, se explican otros dos momentos claves de la trayectoria profeisonal de Alberto Rey: su impulso hace apenas unos días a la demanda colectiva contra la Volkswagen por trucar los motores de sus coches diésel y su decisión (esta hace años) de participar en la candidatura de Esteban Aparicio al Decanato del Colegio de Abogados. El hoy concejal de Seguridad Ciudadana y Tráfico del Ayuntamiento de Gijón no consiguió arrebatarle el puesto a Sergio Herrero, pero a pesar de todo a día de hoy Aparicio conserva gran amistad con Alberto Rey.

Aficionado a la caza, el gijonés es padre de dos hijos: Alberto y Alejandra, de 14 y 16 años. A ambos les intenta inculcar, sobre todo, su pasión por el deporte. El abogado jugó en su día al fútbol en el Estudiantes y practicó -como sus nueve hermanos- el hockey hierba. Un deporte, este último, del que sólo le apartó una lesión sufrida durante un partido de fútbol en las fiestas del Colegio de Abogados de Gijón. La pasión de Rey por el hockey le llevó incluso a presidir durante varios años la federación asturiana de este deporte.

Pero la tenacidad de Rey no sólo se demuestra en el trabajo. Baste un ejemplo. Cuentan que nada más licenciarse se apuntó a la Escuela de Práctica Jurídica, un paso habitual entre los jóvenes abogados. Durante una de las clases un magistrado llevó al aula uno de los primeros alcoholímetros que salieron al mercado. Era el año 1986 y casi nadie sabía cómo funcionaban estos medidores, por lo que los abogados recibieron una clase sobre cómo hacer un buen test alcoholemia. Alberto Rey se presentó voluntario para probar ese aparato, con el que iban a empezar a examinar a los conductores. Se tomó una copa de vina, sopló y el test dio negativo. Se tomó una segunda y el aparato tampoco funcionó. Cuentan que la tenacidad de Rey es tal que acabó bebiéndose la botella entera. Salió de clase “tocado” pero, eso sí, sin conseguir que funcionara el test. Eran los tiempos en los que el joven abogado daba sus primeros pasos en el mundo del derecho de la mano de los mejores letrados de la ciudad: Carlos Roces, con quién Rey hizo la pasantía y del que aprendió mucho de lo que aún hoy sigue practicando ante los tribunales.

La prueba del alcoholímetro es sólo una demostración de hasta donde está dispuesto a llegar Rey para lograr lo que se propone. Ahora el abogado intenta luchar contra una de las multinacionales del motor más importantes del mundo. Quiere que respeten los derechos de los consumidores, a los que afectó el escándalo de los motores trucados. Lo que está claro es que Rey pondrá todo su empeño. Y su tenacidad vestida de toga.

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